sábado, 30 de marzo de 2013

soledad austera

Incapaz de escribir y de llorar, arrastre mis pies entre la arena en dirección contraria a mi primer destino. Ya no sabía donde iba, ni que quería, ni aún peor! todos los recuerdos de alguna existencia pasada se habían borrado de mi mente y de mi corazón. Me encontraba Pura y confundida en medio de un sombrío lugar. Una presa fácil para cualquier altercado que el azar quisiera interponerme. Y allí por el horizonte caminando entre el agua apareciste tu. TÚ TÚ TÚ. Nunca había alucinado con tantas galaxias hasta que te sentí y ese olor a tierra y humedad que traías me calentó. No dijiste nada, simplemente me observaste, seguiste tu camino entre las rocas y desapareciste, tal y como llegaste. Como aquel día entre  mi infancia en donde añoraba ver una estrella fugaz, cada noche me desvelaba tendida en el pasto hasta que estás pequeñas se dignaban a aparecer, y ese día llego, fue mejor de lo que quise o de lo que había imaginado, que por cierto no era mucho, desde pequeña entendí que el esperar algo, el tener expectativas te generaba sufrimiento, así que fuera como fuera sería hermoso. Así como tu partida. Numerosas noches volví a aquel lugar te vi, muchas veces, observe tus manos gruesas y de esfuerzo. Hasta que nos comenzamos a saludar, nunca comprendí por que pero tus labios se contorneaban de una forma especial al hablarme. Y comenzó a pasar el tiempo, desapareciste y yo quede en el lugar como una roca o como una flor que comenzó a marchitarse con el frió. Decidí emigrar un día caminar hacia el horizonte y cuando lo hice apareciste a mi lado. Enredaste tu mano entre mis dedos y caminamos juntxs. 

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